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Los responsables del Centro de Estudios y Documentación de las Brigadas Internacionales, dependiente de la Universidad de Castilla-La Mancha y del Instituto de Estudios Albacetenses, estamos orgullosos de presentar no un libro más sobre la guerra civil española sino una magnífica investigación, tan rigurosa como amena y comprometida. Aborda un tema inédito, la vida de aquellos hombres que, desde la parte más lejana de nuestro planeta, vinieron a esta pequeña península a luchar por valores de libertad, de justicia y de una fraternidad vivida sin fronteras.

Estamos seguros que este libro, La llamada de España.
 Los voluntarios chinos de la Guerra Civil, cautivará a un amplio público por su contenido y por lo bien escrito que está. Mérito que corresponde, sin duda, a sus autores, Hwei-Ru Tsou y Len Tsou, dos
científicos taiwaneses residentes en Estados Unidos que supieron de la existencia de combatientes chinos en nuestra guerra civil ojeando un álbum publicado por la Brigada Lincoln para conmemorar su 50º aniversario. Investigaron concienzudamente y han reconstruido las historias de las vidas de trece de aquellos jóvenes que fueron parte de las Brigadas Internacionales.

Este libro también deslumbra por la agilidad del castellano con el que nos lo ofrece el equipo de traductores del chino, coordinado por el profesor Laureano Ramírez Bellerín, y revisado por Maialen Marín Lacasa, Zhou Minkang y el propio Laureano Ramírez. Ha sido una traducción financiada por el Departament de Traducció i Interpretació de la Universitat Autònoma de Barcelona. A todos ellos le debemos poder disfrutar del conocimiento de esta obra.

Por lo demás, ya se sabe que la guerra civil española fue entre otras cosas un conflicto internacional: la primera batalla contra el fascismo y el autoritarismo que se expandían por la Europa de los años treinta, y también por muchos otros países, como ocurría por entonces en la lejana China. También es conocido el fuerte desequilibrio de los apoyos internacionales en la guerra civil. Los militares golpistas contaron desde el principio con la ayuda militar de la Alemania nazi y la Italia fascista, mientras que la República se encontró con la neutralidad de las potencias democráticas y tan solo con el apoyo de la URSS. Sin embargo, la defensa de la República suscitó un movimiento prácticamente inédito hasta entonces en la interminable historia de los conflictos. Desde el mismo mes de julio de 1936, al extenderse por el extranjero las noticias de la rebelión militar, comenzaron a llegar a España voluntarios procedentes de otros países que llegaban por su cuenta y riesgo, de forma individual.

Fue un movimiento espontáneo de solidaridad sin fronteras, totalmente nuevo. Ahora bien, dicho impulso fue encauzado de inmediato por la Internacional Comunista bajo los auspicios del Partido Comunista Francés. Así es como se dio cauce organizativo a ese “ejército de voluntarios” que tomó el nombre de Brigadas Internacionales. Importa subrayar que, en todo caso, las Brigadas Internacionales no fueron, como se las acusó –y se las acusa- desde la propaganda franquista y neofranquista, un “ejército de la KOMINTERN”. Estaban formadas por miembros de la izquierda antifascista, en su mayoría jóvenes, muchos de ellos comunistas, sí (en torno a un 60%), pero también socialistas, anarquistas o sin partido. En definitiva, todos ellos eran trabajadores políticamente conscientes, y procedían de países tan variados y diferentes como el Reino Unido, Alemania, Estados Unidos, Cuba, México, Uruguay y también de Asia, de Nueva Zelanda o de China, como ahora se descubre con este libro.

No cabe duda, vinieron de forma voluntaria. Ni la Internacional Comunista ni el mismo Stalin podían obligar a los jóvenes de tan diferentes países a luchar por la República española, como sí podían y así lo hicieron Hitler y Mussolini a favor de Franco con la Legión Cóndor alemana o con el Corpo di Truppe Volontarie (CTV) italiano. Se calculan unos 35.000 voluntarios extranjeros los que combatieron por la República, su número osciló, según el momento, entre los 12.000 y 16.000, la cifra más elevada, que se alcanzó en el punto álgido de su reclutamiento, en la primavera de 1937. Probablemente el puñado de brigadistas chinos, que no llegó a un escaso centenar, representaba poco numéricamente, pero sí que simbolizó el enorme impacto de solidaridad internacional que suscitó el Frente Popular. Vinieron a luchar contra unos militares que sólo tenían la meta de frenar cualquier atisbo de mejora de los derechos ciudadanos.

Los brigadistas expresaron una guerra sin fronteras contra el avance de las propuestas fascistas que no sólo se desplegaban en Europa; también en la China de los años 30. En este sentido, no es casual el dato de que cerca de una cuarta parte del total de los brigadistas fuesen voluntarios judíos, o que en la brigada Abraham Lincoln combatiesen unos 90 afroamericanos de modo que fue la primera unidad militar no segregada racialmente que existió en los Estados Unidos.

Por eso los brigadistas representaban un nuevo espíritu, el de la lucha por construir de modo internacional un mundo de igualdad y libertad, sin explotación ni discriminación. Hoy vemos, sin embargo, la URSS con la perspectiva de saber cómo aquel experimento degeneró en todo lo contrario de lo que predicaba, pero no se puede olvidar que en 1936 simbolizaba para millones de personas la primera vez en la historia en que los desheredados de siempre, al fin, podían tomar las riendas de su propio destino. No hacía ni veinte años que unos obreros desarrapados se habían hecho con los resortes del poder de un imperio como el zarista. En los años treinta solo algunas voces aisladas planteaban lo que implicaba aquel poder comunista. Amplios sectores sociales consideraban todavía la URSS como el faro que iluminaba otro futuro. Fue el contexto en el que hay que valorar la lucha de aquellos brigadistas que vinieron a España con la esperanza de construir una nueva sociedad sin diferencias de clase, de raza y de género. El poeta norteamericano Sol Funaroff lo expresó de modo rotundo: “Soy el exiliado de un tiempo futuro… de tierras de libertad que puede que nunca conozca”. 1

Sin embargo, el tiempo político se volvió contra ellos en 1939. Por eso, las posiciones de los brigadistas en todos los lugares quedaron fuera de lugar políticamente, también a partir de 1945, incluso con frecuencia quedaron existencialmente marginados. Esto también ocurrió con los brigadistas chinos. Sirva, por tanto, esta obra como contribución a un mejor conocimiento de aquel movimiento pionero de solidaridad internacional al aportar una perspectiva inédita, la de aquel puñado de voluntarios chinos que vinieron a luchar codo con codo con los milicianos de la República. Vale la pena leer este libro y conocer las vidas, experiencias y posteriores trayectorias de sus protagonistas porque, en efecto, como escribió el citado poeta, fueron “exiliados de un tiempo futuro” de libertad.

Nota:

1 Del poema de Funaroff, The Bellbuoy, citado por Helen GRAHAM: La guerra y su sombra. Una visión de la tragedia española en el largo siglo XX europeo, Barcelona, ed. Crítica, 2013, p. 141, nota 10.

Juan Sisinio Pérez Garzón y Antonio Selva Iniesta. Universidad de Castilla-La Mancha, Instituto de Estudios Albacetenses