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El día 14 de enero de 2008 murió Milton Wolff en Berkeley (California), a los 92 años. Fue el último comandante del Batallón Lincoln-Washington de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil española y un icono en Estados Unidos tras su vuelta en 1939 en su lucha antiimperialista y en la mejora de los derechos políticos y sociales.

Nació el 7 de octubre de 1915 en Brooklyn, barrio obrero de Nueva York, desde el que vinieron muchos voluntarios. Él lo relata en su libro Member of the Working Class, que quiere ser una obra entre la novela y la memoria en la que relata estos tiempos duros de su juventud. Tuvo que abandonar el instituto y encontró la oportunidad de enrolarse en el experimental Civilian Conservation Corps del New Deal, un tipo de operación militar que llevaba a chicos desempleados de la ciudad a trabajar en proyectos forestales. Le gustaba la actividad física y la camaradería, y desarrolló habilidades como la de asistente de primeros auxilios. Pero también presenció la indiferencia burocrática que llevó a la muerte a uno de sus amigos, por lo que no se le permitió alistarse al año siguiente al haber participado en un movimiento de protesta. Poco después encontró trabajo en una fábrica de sombreros en Manhattan.

Cuando la depresión económica de 1929 golpeaba con dureza a las clases bajas, Milton ingresó en la Young Communist League. Años después, cuando uno de los organizadores de la League preguntó si había algún voluntario para venir a España a luchar a favor del gobierno republicano, Wolff se incorporó junto a otros compañeros. Acababa de cumplir 21 años y era estudiante de Arte.

Zarpó hacia España en marzo de 1937. Así lo define un redactor del periódico El Sol en noviembre de 1937:

“El comandante Wolff tiene un aire de cineasta con cabeza de Tarzán y un gesto de combatiente en franco optimismo”.

Éste cuenta sus experiencias como soldado en su novela autobiográfica Another Hill (1994). Movido por el entusiasmo de los otros voluntarios cambió su misión médica para servir en una compañía de ametralladoras en el recién formado Batallón Washington y entró en acción en Brunete en julio de 1937. A pesar de los reiterados peligros en los frentes, salvó su vida. Hombres que estuvieron cerca de él fueron heridos o muertos pero él no recibió ni un rasguño. En Madrid conoció a Ernest Hemingway y comentó en una carta a un amigo de Brooklyn que, Ernest era “bastante infantil en muchos aspectos y que desea ser un mártir… Prefiero leer sus libros que estar con él”, concluía.

Estuvo en el frente de Aragón, liderando una sección de la compañía de ametralladoras en Belchite y Quinto. En octubre comandó a unos ametralladores en Fuentes de Ebro. En Teruel, en enero de 1938, Wolff era capitán y ayudante de campo y se convirtió, en marzo de 1938, en el último comandante del batallón Lincoln, el cual intervino en la gran ofensiva del Ebro el 25 de julio de 1938, participando en uno de los hechos más heroicos como fue la resistencia en Sierra Pandols, con un coste excesivo de bajas para los suyos. Lideró a los soldados en peligrosas retiradas, evitó capturas y vagó solo detrás de las líneas enemigas hasta que consiguió nadar por el Ebro. Cuando Negrín anunció la retirada el 21 de septiembre, él fue el encargado de dirigirlos desde Corbera y Gandesa.

A la vuelta a Estados Unidos se destacó por su larga trayectoria como batallador antifascista y su protagonismo en la lucha por los derechos humanos. Durante los años siguientes demostró poseer una personalidad fuerte, con grandes dotes de organización que desarrollaría más tarde al responsabilizarse del “Bay Área Post” en la zona suroeste de Estados Unidos, con sede en California. No desaprovechó oportunidad alguna para dar a conocer la labor heroica que tanto él como sus compañeros habían llevado a cabo en España. Fue protagonista indiscutible en la búsqueda de reconocimiento por parte de las instituciones hacia lo que ellos significaron. No siempre lo logró pero en los años duros del McCarthysmo consiguió abogados y financiación para ayudar a muchos de los acusados, hasta el punto de que la mayor parte llegó a considerarle como el verdadero dinamizador de los derechos humanos entre los voluntarios americanos. Adquirió gran protagonismo organizando con éxito todo tipo de actividades para financiar ayuda médica a los refugiados republicanos en Francia. En los boletines internos de información de la VALB suele destacarse su labor seria de concienciación y de divulgación y también sus intentos por dinamizar otras sedes como la de Nueva York.

Participó en protestas en las calles de Nueva York, instando a las instituciones oficiales de Washington a levantar el embargo de transportes a España y proporcionar asistencia a los refugiados españoles atrapados en campos de concentración franceses. Cuando el gobierno francés amenazó con deportar a esas víctimas de guerra de vuelta a
la España de Franco, donde muchos se enfrentarían a ejecuciones sumarias, Wolff se unió con otros veteranos de la Lincoln en manifestaciones en la puerta del consulado francés en Nueva York, siendo arrestado en 1940 por este motivo y por el que estuvo quince días en prisión. Durante el proceso, en plena campaña anticomunista del gobierno, se le acuso de ser militante comunista, siendo vigilado estrechamente por el FBI y otras agencias del gobierno durante décadas.

Nuevamente, para derrotar al fascismo, se alistó en 1942 en la Armada Americana que había entrado a participar en la II Guerra Mundial a favor de los aliados. Se graduó en la escuela de paracaidistas y luchó en los frentes de Italia y Francia. A su vuelta de la II Guerra Mundial, él y otros veteranos de la Lincoln continuaron trabajando a favor de la implantación de la democracia en España, presionando al Departamento de Estado para romper las relaciones con la España de Franco y dar asistencia a los refugiados españoles y prisioneros del régimen franquista. Sin embargo, el gobierno de los Estados Unidos estaba creando una alianza anti-comunista que incluía a la España de Franco. Ello llevó al Departamento de Justicia a clasificar en 1947 a los Veteranos de la Brigada Lincoln como organización peligrosa y a detener a algunos de sus miembros en 1950. Él y Moe Fishman presidieron la defensa de los veteranos antes de la vista “Subversive Activities Control Borrad” durante 1954, y llevaron la posterior apelación a través de los tribunales federales. Durante este periodo, Wolff también trabajó para el asediado “Civil Rights Congress”, una organización de izquierdas que defendió a los afroamericanos acusados de delitos importantes con pruebas dudosas.
Como la cruzada anti-comunista disminuyó en la década de 1960, Wolff continuó activo en el “Comité para la Democracia Española de los Estados Unidos”, una organización que presionaba contra los tratados estadounidenses con el régimen de Franco, ayudaba a las familias de los prisioneros políticos de Franco y defendía una reforma política. También encabezó la reactivación de “VALB” en las manifestaciones contra la Guerra de Vietnam. Escribió una carta personal a Ho Chi Minh ofreciéndole los servicios de la Brigada Abraham Lincoln. Wolf abogó por la finalización del
embargo a Cuba y ayudó a proporcionar ayuda médica a los niños de los hospitales de La Habana. Durante la década de 1980, en compañía de otros veteranos, creó una organización con el fin de enviar ambulancias a Nicaragua.
Sus contactos con los ex-brigadistas fueron continuos y su capacidad de liderazgo y organización para conseguir que muchos voluntarios vinieran a España tras la muerte de Franco ha sido reconocida por todos. En estas tareas organizativas y administrativas, solía contar con la valiosa cooperación de dos mujeres muy importantes en su vida y en los destinos de la VALB: Frieda, su mujer, que murió en 1984, y Marion Watchel, la viuda de Robert Merriman, muerto en 1991.

al vez, de los múltiples viajes, los dos más significativos fueron los de 1996 y 2005. En 1996 el Parlamento español concedió a los voluntarios internacionales la nacionalidad española y recibieron el cariño y los aplausos de los españoles en Madrid, Albacete y Barcelona. Y en 2005, casi setenta años después, tuvieron lugar diversos actos para recordar la Batalla del Ebro, donde su tropa tuvo una actuación destacada. En dicho acto, a bordo de un barco en el Ebro, lanzó un puñado de claveles al tiempo que recordaba a los hombres que murieron a su lado allí.

Durante sus últimos años, dedicó más tiempo para pintar y escribir sus memorias de forma novelada. Entre sus obras habría que destacar Western Front Now! (1941) y Fascist Spain: Menace to World Peace (1947). Además son dignas de mención sus tres novelas autobiográficas, A Member of the Working Class, The Premature Anti-fascist y Another Hill: An Autobiographical Novel. Esta última traducida al español bajo el título Otra colina (2005). Aquí nos cuenta, en clave novelada, sus experiencias en España y nos habla de sus convicciones antifascistas y de sus veleidades comunistas. El protagonista, que se corresponde con su perfil biográfico, madura en el frente y se convierte en un hombre en la guerra española.

A pesar de todo, Milton Wolff siempre se vio como un hombre de acción. Por su carácter decidido, siempre supo como debía tomar una decisión y terminar las cosas. En su pensamiento siempre ha estado impulsar la democracia en España. Vino en 1937 con ese ideal y aunque volvió a Estados Unidos tras la derrota de 1939, siguió luchando con todos los medios desde su país, y cuando triunfó la democracia en España, nos visitó en múltiples ocasiones. Un recuerdo muy cariñoso para él y nuestro respeto y admiración.