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En diciembre de 1938, Alun Menai Williams aparecía en el periódico inglés Daily Express. Su alta figura sobresalía en una fotografía llevando la bandera del Batallón Británico de las Brigadas Internacionales. El momento recogía el regreso de España de los voluntarios de esta unidad, a su llegada a la estación Victoria en Londres. Una muchedumbre recibía calurosamente a este contingente de las ya por entonces emblemáticas Brigadas Internacionales, portadoras de mitos y realidades, objeto de homenajes y desprecios, instrumentalizadas tanto por la derecha como por la izquierda. Nacido en Gilfach Goch (País de Gales) en 1913, fue parte de una de las historias más fascinantes del siglo XX, las Brigadas Internacionales, incorporándose voluntario en la batalla del Jarama (primavera de 1937). Su misma llegada a España no puede ser más destacada. Él era uno de los brigadistas que hacían el trayecto desde Marsella en el “Ciudad de Barcelona”, torpedeado y hundido ese día frente a Malgrat de Mar. Otros tripulantes morirían en ese ataque, pero Alun pudo llegar hasta tierra. Antes de España, ya poseía experiencia militar previa, habiéndose alistado al Ejército Británico y perteneciendo a sus unidades médicas donde adquirió conocimientos que le serían muy útiles posteriormente en su labor durante la guerra civil, participando en Brunete, Belchite, Teruel, el frente de Aragón y la batalla del Ebro. Su experiencia previa, algo que le diferenciaba de buena parte de los brigadistas, hizo que no permaneciese prácticamente ni un momento en la Base de las Brigadas de Albacete, siendo incorporado de inmediato a los frentes. Comenzó en la unidad médica alemana del Batallón Thaelmann, pasando después a integrarse en los Servicios Sanitarios de los Batallones Washington y Lincoln de los voluntarios norteamericanos. Con la ofensiva del Ebro pasó finalmente al Batallón Británico hasta la retirada de los internacionales en otoño de 1938.

Antes de España, la infancia y adolescencia de Alun Menai Williams transcurren en el sur de Gales, importante polo de desarrollo para la minería y la industria pesada del Imperio Británico a comienzos del siglo XX, y con 14 años, está ya trabajando en una mina de carbón. Son los duros años 20 y 30 de penuria y depresión económica general; ése es el contexto y la realidad de un País de Gales que verá a muchos de sus jóvenes partir hacia España, con la incertidumbre ante el futuro y con una conciencia
política claramente de izquierdas y de antifascismo decidido1.

“Tengo una historia que explicar. Es una historia sencilla, desprovista de la percepción retrospectiva del historiador o de la profundización selectiva del estudiante en sus investigaciones”.

Así empieza la autobiografía del brigadista Alun Menai Williams, la cual llega hasta el final de la guerra civil española2. Fue el productor David Leach, quien tras la realización del interesante documental sobre los británicos en España Voices from a mountain, recibió de Alun sus memorias mecanografiadas tituladas “El Superviviente”. El gran impacto que le causaron le llevó a apoyar la iniciativa de publicarlas, como también hiciera con las del brigadista británico George Wheeler3.

Sobre las memorias de Alun, dirá David Leach en la edición catalana de su autobiografía:

“Fou una lectura extraordinària. Escrit amb un estil apassionat, a raig de ploma. Hom podia apreciar que l’Alun Menai era el fill d’en Huw Menai Williams, un gerent de les mines i celebrat poeta gal· lès. En efecte, hi ha moments en què les memòries tenen els ritmes i la imatgeria d’un llarg poema en prosa. Amb enginy, compassió i intuïció, l’Alun ens porta des del seu naixement, en un poblet miner del sud del País de Gal· les, fins a la seva tornada del server actiu a Espanya com a sanitari en el front de batalla”(p. 60).

Con Alun Menai Williams se produce la pérdida de otro miembro de la memoria física de las Brigadas Internacionales. Además, él era el último superviviente del colectivo galés en las Brigadas que nos quedaba. El movimiento por la recuperación de la memoria de la guerra civil española en el Reino Unido, con la edición de publicaciones y documentales audiovisuales, la realización de homenajes y el recuerdo a
los miembros de las Brigadas Internacionales, debe mucho a la labor de editores y productores como Allan Warren y David Leach, de historiadores y estudiosos como Anna Martí, Ángela Jackson o los mencionados Hywel Francis y Robert Stradling, y sobre todo, al esfuerzo de la International Brigade Memorial Trust (IBMT), la importante asociación británica de brigadistas junto a familiares, amigos, representantes de la Marx Memorial Library e historiadores especializados en la guerra civil. Sus valiosos trabajos quedan para conservar un merecido recuerdo y homenaje a los hombres y mujeres que compusieron las Brigadas, colaborando a su vez, en el mejor conocimiento de estos voluntarios que decidieron marchar a la guerra de España, convencidos de unos ideales por los que tenían que combatir. Sus iniciativas hacen de los brigadistas, supervivientes en la memoria para las siguientes generaciones.