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Nació en Buenos Aires en 1920. Sus padres se marcharon de Rusia al ser perseguidos por revolucionarios y se establecieron en Buenos Aires. Tras triunfar la revolución en Rusia, su padre trabajó en la representación comercial que tenía la URSS en Buenos Aires hasta que fue desterrado a Uruguay tras el golpe militar de Iriburu (septiembre de 1930), desde donde inició los trámites para volver a la URSS contra el deseo de su madre que prefería quedarse. Volvieron en 1932, periodo de incertidumbre y zozobra. Las condiciones de vida respecto a Argentina habían empeorado lo que incidió en el deterioro de la salud de su madre que sufría de una tuberculosis seca a causa del trabajo de peletera en un taller de Buenos Aires. Ello propició una constante tristeza y tensión en la familia en cuanto que aumentaron las incomodidades y su madre no había perdonado a su padre el haber regresado a Rusia contra su voluntad. Adelina y su hermana tuvieron que realizar un gran esfuerzo para aprender el ruso y adaptarse a la nueva situación.

Cuando llegó el 18 de julio de 1936, España se convirtió en un motivo de intranquilidad y desasosiego para Adelina y su familia. Paulina, su hermana, se encontraba en Madrid como colaboradora en la editorial Europa-América y se había incorporado a las milicias, quedando destinada al batallón “Octubre”, bajo el mando de Etelvino Vega. La oportunidad de ir a España se le presentó a Adelina cuando a finales de 1936 se lo propusieron a su padre y ella le acompañó con tan sólo 16 años, resplandeciente de juventud e ilusiones. Ésta desempeñaría el trabajo de intérprete del Estado Mayor de la República española entre 1937-1938 y teniente de aviación de la República. El viaje lo realizaron haciendo escala en París y desde allí se dirigieron a Port Bou donde fue interrogado a su padre, cuyo pasaporte le acreditaba como comerciante. Después tomaron un tren hacia Valencia donde tratarían de encontrar a su hermana. Su padre se quedó en Barcelona, realizando ella sola el resto del trayecto. Adelina recuerda que le acompañaron un grupo de rusos, y todos fueron obsequiados con los más diversos productos alimenticios. Ella quedaría impresionada, ante estas muestras tan sencillas de afecto y agradecimiento.

Se encontró con su hermana, que estaba acompañada por el asesor soviético Ksanti con quien se casó después. Éste cumplió diferentes funciones. Fue consejero de las unidades militares en la defensa de Madrid, asesor del Cuerpo de Madrid-Cataluña y también de la 35 división y colaborador con Pedro Checa en la preparación de oficiales. Inmediatamente, aquella comenzó a trabajar como traductora con la aviación, siendo trasladada a Albacete, donde se encontraba el Estado Mayor de la Aviación de los asesores soviéticos. Estuvo cerca de T. Smushkevich, conocido como el general Douglas, un militar de alta graduación que fue Consejero del Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas de la República Española y que fue fusilado en la URSS en 1941.

La llegada a Albacete, ciudad que acogía a las Brigadas Internacionales, estuvo llena de contradicciones para Adelina, su entusiasmo estuvo mezclado de incertidumbre por los pocos conocimientos que ella tenía sobre aviación, en aquellos momentos. Fue enviada a la finca de Los Llanos, sede de la aviación. Allí se encontraría a Iría Leitner, destacada traductora de obras literarias, y a Kasimir Kobyliansky, joven comunista hijo de un revolucionario polaco. Adelina recuerda que le fue de gran ayuda la atención paternal y las enseñanzas de Núñez Maza.

Uno de los trabajos de Adelina y sus compañeros era pasar toda la noche atentos a la información de la centralita que daba los partes de los aeródromos. La guerra dificultaba el contacto con su familia, pero en febrero de 1937 una agradable sorpresa, aunque breve, supuso la visita, en vísperas del cumpleaños de Adelina, de Paulina y Ksanti. A su padre no lo volvería a ver hasta finales de 1937.

La mayor parte de la vida en Albacete, la desarrollaba en la finca de Los Llanos por donde pasaban aviadores rusos y españoles. Su memoria ha olvidado sus nombres, pero cuando ha vuelto a reunirse en Madrid, en tiempos posteriores, con los pilotos de la Asociación de Aviadores de la República, Adelina ha sentido el calor y el afecto que imperaba entre todos ellos en aquellas fechas. Cuando disponía de tiempo iba a la ciudad en la moto de un mecánico ruso, Gregori Sokolov. Disfrutaba recorriendo las calles, la plaza del Ayuntamiento y aprovechaba para comprarse ropa de abrigo: “Una señora me hizo un par de jerséis que eran la envidia de mis camaradas y de gran utilidad en este clima tan frió”.

Uno de los episodios más fijos en la memoria de Adelina es el bombardeo de la capital el 20 de febrero de 1937: “Ese bombardeo fue algo macabro. Durante casi toda la noche el cielo de Albacete permaneció resplandeciente por las explosiones de las bombas y el ruido era estremecedor. Las acciones se repetían tras un breve intervalo de tiempo y uno tenía la impresión que aquella era una
noche interminable. Al día siguiente fuimos a la ciudad y los estragos del bombardeo dejaron heridas las calles y plazas, especialmente las pérdidas fueron más intensas entre el Altozano y la estación de ferrocarril”.

Acabada la guerra, Adelina regresó a la URSS y ocupó el puesto de Teniente Superior del Ejército Rojo entre 1941-1949. Se doctoró en Ciencias Históricas, especializándose en movimiento sindical latinoamericano. Actualmente, Adelina es miembro de la sección española del Comité Soviético de Veteranos de Guerra.

En los años noventa, realiza varias visitas a España. En 1994, Adelina y su hermana Paula, presentaron un libro donde se recogen sus memorias, Mosaico roto, publicado en Madrid. Dos años más tarde, por parte del pueblo español, les es reconocida la nacionalidad a todos los brigadistas internacionales. Por lo que Adelina, vuelve a España y visita Albacete con la ilusión del reencuentro con quienes compartió el compromiso solidario de lucha contra el fascismo. En este año se celebraba en la ciudad unas Jornadas sobre la Guerra Civil y las Brigadas Internacionales en el Paraninfo Universitario. Durante su visita a la ciudad, nos dejó su testimonio, el cual nos hemos basado en realizar esta biografía, que no es completa, pero que nos ayuda a entender y a construir la historia de los pueblos, en este caso el de Albacete, que han de conocer futuras generaciones.